jueves, julio 02, 2009

lo que tú no ves


Hola. Soy lo que tú no ves, lo que viene después. Soy lo que no esperas, lo que te aterra y lo que te mantiene en pie. Yo soy lo que no has hecho jamás, y lo que viene detrás de eso… ya sabes, soy el duende, y el monstruo que te ha de llevar.
Soy lo que tú no crees, niña, soy mentira, soy al revés. Vale, soy un cabezota, un pobre idiota… pero soy el dueño de la pelota. Así que soy yo el que no te deja jugar y el que tantas veces te ha hecho llorar. Sí, soy el que sueñas y al que no puedes mirar.

Búscame, cuando quieras encontrar eso que sólo te atreves a decir en voz en baja, cuando estás sola. Y encuéntrame, si lo que quieres es buscar eso mismo. Si has perdido la cabeza de tanto pensar en ello y si te gustan las sorpresas de verdad.
¿Y qué si todo lo que te digo no es verdad? ¡Larga vida a las mentiras, joder! En este juego, todo vale, si la rueda gira. Es así de simple: me pasé de vueltas y ya mi alma no se estira, y con cada día de caza por el barrio, se rompe, borracha de ira, y se queja. Ya lo ves, ahora, esta vieja malnacida, dice que hoy está aburrida. Voy a dejarlo, ¿sabes? Porque, aunque te parezca que la batalla está reñida, esta guerra… está perdida
Soy lo que te faltó por hacer. Y también, claro, lo que a otros les sobró. Soy el que vuela, el que te entierra, el que te acorraló. Soy el que te hizo despertar, el otro, el que hace dudar, soy ese amigo del que no, de ninguna manera, te puedes fiar
Búscame, ya sabes, si estás perdida… y me encontrarás.




Lo que tú no ves, la canción.
Esta canción tiene... unos cuantos meses ya. Es de diciembre de 2008 y la compuse como una canción para los Ciclones, aunque aún no hemos empezado a ensayarla (ya os vale, cabrones). Hay una cosa un poco infantil en esto de tener un grupo que me recuerda mucho a las pandillas juveniles, y ese es el espíritu que quería reflejar en la canción. Es una canción esencial, cruda y muy pop. Sólo tiene dos guitarras, bajo y batería y voces, claro. De hecho, las voces son muy importantes.
Empieza a capella, con tres voces crudas que dicen el texto sin adornos, limitándose a él. Entra el bajo y los platillos de la batería y, gradualmente, las dos guitarras.
Me encanta el sonido de la canción, lo crudas (y bonitas) que suenan las guitarras y la melodía, un poco alambicada, pero que se desencadena como debiera hacerlo el elixir de la eterna juventud: fresca y naturalmente. Espero que te guste, porque a mí este tema me flipa.

Lo que tú no ves, el videoclip.
Hace mucho tiempo que tenía en la cabeza la idea de grabar un videoclip que diera vueltas al bucle argumental "niños haciendo de mayores en un juego de niños". Era una idea anterior a la canción y el día que terminé la canción, no quise colgarla aquí, como suelo hacer, porque supe que era la canción del "clip de los niños" y quise hacer el tema con un pequeño audiovisual.
Le comenté la idea a los papás y mamás y la familia, a ver si estaban dispuestos a dejar salir a sus nenes en un clip casero y a ayudar en la realización, porque para hacerlo íbamos a tener que dedicar un día entero de no poco esfuerzo y paciencia. Mi temor principal era que los niños se cansaran y no quisieran grabar.
Escribí un pequeño guión de rodaje, con una descripción de las tomas que debían grabarse y ese guión, junto con la canción, fue distribuido a la familia con el objeto de que los niños fuesen oyendo la canción y se familiarizaran con ella. Esto era delicado, ya que no era (no es) una canción atractiva para los niños, y como era delicado, este punto fue ignorado, seguramente porque tampoco debía ser una canción demasiado atractiva para los padres.
El día de la madre, 3 de mayo, fue el día elegido para grabar. Íbamos a reunirnos todos en casa de Pilarilla y allí había sitio y ambientillo para hacerlo. MariClelia's, su hija Sabina y MariPili's (madre de Diego, Olga, Jaime y Daniel), se encargaban de la dirección artística y producción: vestuario, ambientación, maquillaje, asistencia a los actores, catering y todo eso. Quique (padre de Celia y Sergio) y Richard (padre de Óscar y Raúl), ayudados por Susana y Juan (patriarca) harían (hicieron) de operadores y yo me limité a dar la brasa al personal y a torturar al mundo con mi pesadez.
No pudimos grabar todo lo que queríamos, pero con lo que grabamos obtuve material para hacer esto que podéis ver hoy aquí. Es un clip adorable para nosotros, que vemos a nuestros hijos y sobrinos actuando, y no sé cómo resultará para vosotros, pero a mí me parece que es muy simpático el resultado. Y la canción, insisto, es la caña.
En fin, ustedes lo disfruten.
Y gracias, de nuevo, a Diego, Sergio, Olga, Celia, Jaime, Daniel y Óscar, las auténticas estrellas de este clip, sin los cuales...

martes, junio 30, 2009

... y así fue

Estuvo genial.
Gracias a Ararat, Aroza, Arturo, Fantasma Paraíso y Diana, Joe Clemens y Mahomal y a Concha, MariKontxi's, (cuyos videos no os podéis perder, vedlos en su Canal YouTube) que son los que estuvieron allí de los que habitualmente visitan esta bitácora.
Aquí tenéis una pequeña muestra de cómo fue la cosa, gentileza de Concha, que además, se había pasado el día anterior por un ensayo. Está curioso.




Bueno, estad atentos a las pantallas, que pronto, muy pronto, otro estreno audiovisual magno. Mientras tanto, los que aún se resisten, podríais comprar el libro, que sólo me queda vender un ejemplar para recuperar mi inversión. ¡ánimo!

eMail Presley al ataque



¿No es fabuloso, el tío?
Este video es obra de Merce, la chica de Bienve, que no se pierde un concierto y los graba todos. Un beso para ella.

viernes, junio 26, 2009

Ven a ver a los Ciclones

El sábado, 27 de junio a las 22:00 en
LA ÓPERA FLOTANTE
Eugenio Salazar, 32



¡No te lo pierdas!
Todos hablarán de ello.

jueves, junio 25, 2009

labor de relleno

es este uno de esos días en los que me preocupa lo que el mundo piense de mí. Quizá se deba al hecho de que el sábado toco y mucha gente podría ir a verme. Mucha gente que lleva mucho tiempo diciendo que a ver si toco un sábado en Madrid. Bien, el momento ha llegado y yo estoy, huelga decirlo, nerviosísimo.
Los Ciclones somos cinco, pero no puedo evitar sentir una cierta responsabilidad personal ante lo que suceda el sábado. No digo que Los Ciclones sea un proyecto mío, pero yo lo vivo así, es decir, son mis nervios, mis responsabilidades las que me pesan, las de los demás, sólo puedo intuirlas.
Para hacer una labor de relleno, he compuesto esta canción, “Por si”, a ver qué es lo que sucede con ella. Es un tema intrascendente, guitarrero y machacón y seguramente no lo tocaremos nunca los Ciclones, como tantos otros temas, pero a mí me gusta subir estos temas tan, tan personales, mucho más de lo que acaso pueda parecer. Con cada canción de estas que son más wolffas que ciclonas un pedacito de mí sale a darse un garbeo por la plaza pública y a veces, algunas veces, tú entiendes de lo que estoy hablando, ¿verdad?

Por si

(He subido una versión nueva de la canción: he cambiado la voz principal y he toqueteado un poco la mezcla. Creo que ahora está mejor)
Por si un día volvías a casa
Me he comprado una olla a presión
Porque oí que te hiciste del Barça
Compré la camiseta de Eto’o
Con lo mal que me caía
Y la pasta que me costó
Pa no verla cada día
Está guardadita en tu cajón
Pienso en el momento en el que te oí marchar
Subí el volumen de mi instrumento para no oírme llorar
Todos los días lamento que no me oyeras tú a mí
Te juro que no es un cuento, a veces siento que sigues aquí

Por si un día me llamabas
Un teléfono compré
Por si, a veces, chateabas
Me hice un fiera en la red
Hice amigos a montones
casi podía olvidarme de ti,
Pero ni un millón de emoticonos
Se parecen a oírte reír
Pienso en el momento en el que te oí marchar
Subí el volumen de mi instrumento para no oírme llorar
Todos los días lamento que no me oyeras tú a mí
Te juro que no es un cuento, a veces siento que sigues aquí

Por si estás al otro lado
Por si aún me quieres oír
Por si aún no te has cansado
Por si te sigue gustando reír
Por si te has enamorado
Por si sigues siendo así
Por si ya te has olvidado
De lo que te quiero a ti

martes, junio 09, 2009

esa locurita que es tener un grupo, la morcilla elefante y soy como Cyd Charisse

tocar en un grupo tiene muchas cosas buenas, pero cuando es un grupo de pringaillos, tiene una cosa, sobre todas las demás, que es un completo coñazo: montar y desmontar el equipo. Es lo peor.
Cada vez que hay un concierto, sabes que te tocan un montón de horas del día dedicadas a desmontar el equipo del local de ensayo, meterlo en los coches, llevarlo al sitio donde vas a actuar, montar el equipo (tocar) y cuando lo único que te apetece es tomar una copa tirado y dejar que las imaginadas (y casi nunca materializadas) y sexys fans te halaguen, te soben y te besen, tienes que levantarte y empezar a recoger cables, altavoces, monitores y todas esas cosas.
Es algo que no tiene glamour ninguno, lo juro.
Y si encima eres tan tonto como yo, mucho peor.
Llevo muchos años tocando por ahí. Las he visto de todos los colores. He dado conciertos para nadie (y nadie quiere decir nadie, cero personas), para montones de gente indiferente, en pueblos donde querían darnos una vuelta a hombros y nos obligaron a fumar porros como trompetas, y en otros donde querían corrernos a gorrazos “por cantar en inglés en plan chulito”. En bares donde a nadie le importábamos un pimiento y hasta he tenido una oferta de sexo múltiple (dos mujeres, vamos) después de un concierto, que, maldición, tuve que rechazar. Pero, a pesar de eso, me pongo nerviosísimo antes de cada concierto. Creo que he comentado ya que yo nunca bebo alcohol. No por nada, es que no me gusta el sabor de cuantas copas he probado. Pues bien, cuando voy a tocar, me aprieto 4 vodkas o no toco. Y mientras toco, sigo con ello.
El viernes 29 de mayo, día que los Ciclones empezábamos nuestra exitosa gira (no se habla de otra cosa, vamos) era uno de esos días.
Desde por la mañana estaba hecho un manojo de nervios. Había quedado con Celia, jefa, dueña y a la sazón, cuñada, para ver cómo decorábamos la sala (fondo de escenario, luces, etc). Buch vino a casa y me ayudó a llevar el equipo al Plaza Mayor. Pero al llegar, mira tú por dónde, Celia se había olvidado de mí y allí no había ni escenario ni Celia ni nada. Total que cuando Buch se fue (perro traidor, pero, al fin y al cabo, ¿qué vas a esperar de un teclista?), apenas habíamos puesto uno o dos cables y me quedé allí con el marrón yo solito.
Cuando, a media tarde, empezaron a aparecer Ciclones yo estaba con un cabreo de cojones, sin comer y en medio de un ataque de nervios de primera. Os ahorro detalles de cosas que me quemaron más todavía (pero hay alguien que debería aprender a no apagar el puto teléfono móvil), pero a las 7, que estábamos ya todos juntos terminando de montar el equipo, yo ya estaba completamente mamado. De cansado, no de bebido.
Fui a echar un cable por detrás del escenario, una maniobra sin complicación alguna, en condiciones normales, y al ir a sortear por arriba, un monitor de escenario, de esos en forma de cuña, noté que me daban un auténtico y genuino hostión en el gemelo de mi pierna izquierda, a la sazón mi pierna de apoyo en la miniproeza física que estaba ejecutando, como un golpe seco con una barra de hierro o algo así. Me di la vuelta, deseando que fuera alguien más débil que yo sobre quien pudiera descargar mi frustración de todo el día, la ira acumulada en 5 horas, pero allí no había nadie. Nadie me golpeó: simplemente, mi gemelo izquierdo, se rompió.
Terminamos de montar el equipo y aquello me dolía tanto que fui al médico, de urgencias, a ver si me daba algo que me calmara el dolor (yo ya me había comido dos ibus por mi cuenta). eMail, el guitarra de los Ciclones, que iba a quedarse en mi casa a dormir, me acompañó al ambulatorio. Allí no me diagnosticaron nada, pero me dieron Nolotil, un gel calmante y me pusieron una exagerada venda bien apretaíta para que aguantara el tirón esa noche. Debo decir que aguanté. La adrenalina es una poderosa droga y pude enfrentarme al concierto sin demasiado dolor.



Al terminar el concierto empecé a sentir verdadero dolor y el cansancio del día se me cayó encima. Al día siguiente, el dolor había aumentado y por la tarde, estando en casa de mis suegros, se hizo insoportable. Tenía la pierna hinchada como la pata de un elefante sufriente y me dolía solo mirarla, no os quiero contar la experiencia de intentar apoyarla.


El hecho es que me despertaba bien, con la pierna hinchada, pero el dolor, con el descanso nocturno había remitido, así que hasta el miércoles no volví al traumatólogo, que se llevó las manos a la cabeza al ver el estado de mi pata: un estadio intermedio entre pata de elefante necrótico y morcilla de Burgos. Si no eres aprensivo, abre la fotito en otra ventana/pestaña y verás qué horror.
En fin, me recetó un pico de clexane diario, Ibu y, sobre todo, reposo y pata en alto tanto tiempo como pueda soportarlo. Debo decir que no me importa pincharme en absoluto, pero lo de no poder salir de casa (porque no puedo conducir) y llevar casi dos semanas sentao me está matamdo de aburrimiento. Pero, se me olvidaba, el traumatólogo me prescribió también una media de esas que comprimen y debo decir que esa es la parte mejor de mi lesión: he descubierto que mis piernas pueden ser preciosas. Como las de la mismísima Cyd Charisse. ¿O no?


Nota social: Recuerda que el sábado 27 tocan Los Ciclones en Madrid, en La Ópera Flotante, a las 10 de la noche (Eugenio Salazar, 32). Nota decente: ¿Aún no has comprado el libro? Pues ya estás pinchando aquí: Tiembla, cariño: hoy cocino yo.

Amos que...

lunes, junio 08, 2009

la soledad

No milk today
(Herman's Hermits cover)


Herman's Hermits son un grupo típicamente british y típicamente sesentero. Si te gusta la música de los años 60, te gustarán. Esta canción es la típica que todo el mundo conoce sin saber que la conoce. En cuanto oyes la primera frase, ya está, ¡zas! ¡claro, hombre, era esta...! En fin, esta canción me ha inspirado este post, como es evidente y me gusta desde que tengo memoria. En cuanto la escucho, no puedo dejar de cantarla en tres días. Hace tres días, mi hija Leticia, que está super sixties últimamente, tenía puesta esta canción mientras estudiaba y ya me ves... no milk today, my love has gone away...

(Cada mañana, suelo hacer acopio de los recuerdos de ti que tengo, Lorna, y deseo que, sin llamarte yo, sin que nadie ni nada medie, salvo la fuerza de mi mente, ocurra algo en tu cabeza que te acerque a mí, que te obligue a llamarme, o a coincidir conmigo en alguno de los lugares comunes de nuestras vidas tan inexplicablemente separadas, ahora. Trato de pensar dónde está el hecho, la circunstancia, el punto de inflexión que me obligó a desterrarte de mi lado y no lo encuentro. Sé que tú estás mejor desde que no me tienes alrededor, y eso me duele. No es agradable pensar en que estás mejor cuando yo no estoy. Porque yo no estoy mejor sin ti, Lorna, ni mucho menos: yo estoy peor, nena, aunque, siendo francos, eso no te debe importar demasiado)

Lo primero que me enamoró de ti fue tu letra. Me enamoré de tu letra, aunque parezca idiota. Solía pasar, como flotando, todos los días por delante de la puerta de tu casa y mirar la sucinta carta, monocarácter más que sucinta, que dejabas cada día pegada en la puerta de casa, bajo el picaporte (1, 2, a veces 3) con la cifra pintada con a pincel, de un llamativo color rojo oscuro, y de trazo muy grueso. La mano que pinta semejantes números, debe ser una mano frágil y fuerte a la vez, una mano con misterio, pensaba yo, una mano capaz de crear colores únicos, de descubrir el verdadero sentido del arte, una mano que, al imaginarla yo ahí, justo ahí, me haría olvidarme del mundo.
Me preguntaba yo quién era el afortunado receptor de esas misivas tan públicas, por su impúdica exhibición, tan privadas, por su significado oculto, y tan desesperadamente sinceras, concisas y esenciales. Sencillamente un número bastaba para decirle a tu amado lo que querías decirle, comunicabas con sólo un carácter tus necesidades del día y yo, que no soy más que un sentimiento solitario, envidiaba la parquedad de tus epístolas enigmáticas como el necio envidia las incomprensibles pero musicales palabras del poeta. Yo, que necesito párrafos y párrafos para expresar un gesto; que escribo en diez páginas lo que acaso sólo necesitase diez líneas; que gusto de extenderme sobre el papel, para que no se me encoja el alma al escribirte, que necesito más palabras que segundos para decirte cuánto te amaba, leía con los dientes largos esas parcas cartas y deseaba que fueran para mí.
Fue mi imaginación la que tomó el testigo de la envidia y asumió como propias esas invectivas en forma de carta en post-it; como si fuera yo el interlocutor de esa comunicación arábiga, cuando veía el más común, el 1, imaginaba que, en realidad, lo que querías decir es que yo era el único, el uno para ti, y que con ese uno solitario y enhiesto uno te referías, dulce metonimia, a mi polla, y hacías ver como que tenías necesidad de ella, de sentirla entrando y saliendo de ti, o jugueteando con ella entre tus artísticas manos o tus labios celestiales, cerrados en torno a ella en forma de oh, sorprendida, tal vez, por su vibrante calidez.
Si dos era el número, quise creer entonces que te referías al amor verdadero. Porque tú, como yo, pensamos que eso de que dos se hacen uno cuando se aman es una soplapollez. El verdadero sentido del amor es la dualidad, el saber que el otro el es otro, y que su otredad sea la causa del amor, y te imaginaba exponiéndome apasionadamente tu argumento: Te amo porque eres distinto, porque no eres como yo, y no quiero que te conviertas en mi reflejo al amarme, ni que te transformes en la imagen ideal que tengo del amor al amarte yo, quiero que ames lo distinta que soy de ti y quiero amar a ese ser original y distinto que he descubierto en ti. En eso pensaba yo al ver el 2. Dos. Y dos tetas, claro, en eso pensaba a veces, también.
Y si el travieso tres atravesaba el cachito amarillo de papel de lado a lado, entonces pensaba en cómo sería la primera noche que nos viéramos. En cómo fue. En cómo al verte tan hermosa, tan sexual y tan mujer, nada más entrar en ti, de puro amor, me derramé sin remedio y sin darte nada más que mi impaciencia. Pero tú no me miraste mal. Tu sonreías agradecida (eso lo supe más tarde) de que te amara con semejante urgencia. Pero mi orgullo herido me hizo recuperarme en cuestión de minutos y volver a estallar antes del cambio de tercio porque, sencillamente, me urgía igual. Y tú fuiste paciente, amante y cariñosa y dejaste que las cosas sucedieran por tercera vez, esta vez como tenían que ser, lentas, firmes, suaves y crecientes, sudadas y abrazadas y tus gemidos y mis envites siguieron el mismo ritmo, y el andante fue breve, el moderato dio paso al allegro y este, casi sin solución de continuidad, se convirtió en vivace y Molto vivace y ¡viva Cartagena!, los fuegos artificiales, en honor a tu piel mediterránea nos bendijeron a la tercera.
Y yo pasaba así los días, pasando ante tu puerta y viendo tus cartas e imaginando que eran mis cartas, viéndote sin verte, amándote sin conocerte.
De modo que aquel día, aciago, en que en lugar de un número, sencillo, práctico, evocador, redondo, ensoñador, leí una frase completa, “no más leche”, quise seguir engañándome y pensé que lo que querías decirme, de una forma directa, como tú eres, es que usara preservativo porque tú habías dejado de tomar la píldora y que, en pocas palabras, no querías terminar el asunto pringada.
Fui a la farmacia y la boticaria, Mrs. Brown, lloró al verme entrar. Es una farmacia grande, en la que deben trabajar unas quince personas, pero la pillé sola, desprevenida, con la guardia baja y eso la hizo temblar. Quiso cerrarme el paso:
- ¿Otra vez tú, Soledad?
- Sí, soy yo, pero no vengo a por ti, tranquila, vengo a por condones
- ¿Condones? – le chocaba, claro, que la soledad quisiera condones, aunque tampoco es tan raro, ¿no?
Salí de allí, pues, perfectamente protegido para una relación sexual plena y segura y volví al palacio donde vivía mi amada, pero allí no había nadie, excepto Gerry Hermit, hijo de Herman, el muchacho que hace el reparto de leche en su camión blanco, poniendo cara de circunstancia y llevándose las botellas vacías mientras en el radiocassete de su furgoneta sonaba “A kind of hush” pero no en la versión de los Carpenters, sino en la otra, la british, ya sabes.
Así que nada, compuesto y con condones sabor fresa, me amé a solas en el patio trasero, pensando claro, en Mrs. Brown, ¿en quién si no?

Nota sanitaria:
  • Mi pierna va mejor.

Nota decente:

martes, junio 02, 2009

animicus, un estado de cordura.

Detrás

Esta es una vieja canción mía, que por alguna razón no parece mía, pero que me encanta. Los más viejos del lugar quizá la recuerden. Un día me gustaría grabarla con una orquesta de verdad. Quedaría de lujo.

Animicus, joven descarriado y loco, el hombre que te pide para un bocadillo, el que te cuenta su desgraciada historia a menos que seas hábil y sepas escapar, el que te acompaña y te lleva las bolsas hasta la puerta de casa, agradeciéndote luego con una ancha sonrisa lo que le des, por poco que sea, no acepta, sin embargo, las monedas de Mrs. La’Teef, la mujer que le ha robado el corazón.
Nadie se lo ha dicho, porque nadie le cuenta cosas, aunque él aceptaría de buen grado que la gente le devolviera su generosidad con las historias, pero sabe que Mrs. La’Teef conoció épocas mejores. Hubo un tiempo, de eso Animicus está seguro, en que por llevarle las bolsas sonriendo, diciéndole cosas agradables de sus hijos, y hablando animosamente mientras la ayudaba, Mrs. La’Teef le hubiera dado, además de esas maravillosas gracias sonriendo que sólo ella sabe dar, sus buenos 10 pavos. Y quizá, Animicus dejara de trabajar por ese día y se hubiera comprado un filete de vuelta a casa, y se hubiera encerrado con sus recuerdos y, borracho de nostalgia, habría pasado una buena tarde.
Animicus, el loco amable y sin techo que tiene cada barrio, vuela bajo esta tarde y se da cuenta de lo mucho que le importa Mrs. La’Teef, lo que le ocurra y todo lo que tenga que ver con ella. Desde hace un tiempo ve en la mujer dorada un resto de tristeza en su mirada resuelta y percibe un deje quebradizo en su tono de voz. Le da la sensación de que cuando la ayuda con las bolsas, cuando sujeta la puerta del ascensor mientras termina de contarle la historia de ese día, cuando se despide de ella tratando en vano de que sus miradas se crucen, ella está apunto de echarse a llorar. Animicus no es del todo buena persona y, aunque a su manera, ama a Mrs. La’Teef, le gustaría que rompiera a llorar, porque si bien eso significa un sufrimiento que, en realidad, no desea para su amada, le daría ocasión de consolarla.
Tal vez se dejara abrazar, acaso pudiera pasarle el pulgar, dulcemente, por la mejilla, para enjugar sus lágrimas…
Aquella mañana, Mrs. La’Teef salió un poco antes a comprar y Animicus estaba pletórico, se sentía vivo. Al salir del super, Teefy estaba tan atractiva como sus 51 años delataban: cada uno de los días, de los minutos de su vida, todo lo vivido le había dejado huella, contribuyendo a hacerla, a los ojos de Animicus, mucho más hermosa que el resto de las mujeres. Adoraba su mirada cansada pero sabia. Su sonrisa tan sonreída y tan mordaz, la curva de su espalda, sus caderas anchas y la frágil majestad de su porte.
- Perdone, señora, deje que la ayude, usted no puede cargar con todo ese peso, para eso estoy yo… usted no se preocupe de nada, que yo le llevo las bolsas, faltaría más… deje, deje, que se va a romper las uñas…
- ¿Las uñas…? – dijo Mrs. La’Teef mientras se detenía con una sonrisa agotada que daba carácter al momento – Mira mis uñas… - dijo enseñando a Animicus sus mordidas y casi inexistentes uñas. Animicus no daba crédito, era la primera vez que, fuera del “gracias” habitual, se dirigía a él su adorada señora.
- Tiene usted unas manos preciosas, deje que la ayude…
- Hace años tenía unas manos preciosas, ¿sabes? – Mrs. La’Teef hablaba y parecía que hablaba con Animicus, pero éste sabía que no era a él, sino al inexistente hombre que añoraba, al que, melancólicamente, se dirigía su amada. – Pero ya no me las cuido, porque ya todo me da igual, ¿entiendes?, ya nada me importa…
- No me diga esas cosas, señora, - Animicus se encontraba incómodo ante tanta franqueza: estaba acostumbrado a ser ignorado o, como mucho, tolerado en silencio- que la van a oír hablar conmigo y se van a creer que la loca es usted… no me diga cosas, señora, no me diga cosas
Y hacia el final de la calle, con el sol aun sin asomar del todo por encima del polideportivo, caminan la figura cansada de Mrs. La’Teef y la figura rara y deslabazada de Animicus, el loco del barrio.
Llegan al portal y Animicus le pide la llave a Mrs. La’Teef para abrir. Abre y le cede el paso a su señora, y advierte que ésta, en silencio entra llorando. Con las bolsas en las manos, adelanta en una casi cómica carrera a su dama celestial, para llegar antes que ella al ascensor y abrirle la puerta, cederle el paso y meter las bolsas una vez que ella se ha llegado al fondo de la cabina.
Al dejar las bolsas en el suelo del ascensor, levanta la cabeza y ve que ella está llorando.
- No llore, señora – dice, y acerca su mano temblorosa al lloroso rostro de ella. Se deja tocar y tiembla de placer cuando nota su mano endurecida en su rostro enjugado de tanto llanto –. No llore, por favor – dice Animicus mientras su mano pasa de su rostro a su nuca y acerca la cara de Mrs. La’Teef a su pecho, abrazándola con fuerza, con más fuerza de la necesaria.
- No llore más.
Se lleva su mano libre, sin saber muy bien por qué, al bolsillo trasero de sus vaqueros, donde sabe que espera su navaja.
- He dicho que no llore más, ¡coño! – dice con una sorprendente tono autoritario, mientras le pone la hoja, sucia, mal afilada, más peligrosa por antihigiénica que por cortante, en la garganta, mojada por las lágrimas y el sudor.
Se da cuenta de que aún tiene las llaves de ella en la mano y, sin dudar, aprieta el botón con el número 6 y deja que la puerta del ascensor se cierre. Llegan a la planta sexta y con gestos, Animicus le dice a Mrs. La’Teef que salga y la sigue con las cinco bolsas en una mano y la navaja apoyada en el costado de ella, en la otra. Abre la puerta con la C dorada en su parte central alta y deja que entre primero la señora y él la sigue.
Mrs. La’Teef sigue llorando, a mares, pero en silencio. En un doloroso silencio.
- Desnúdese, vamos, deje de llorar de una puta vez y quítese la ropa
Ella obedece sólo a medias, pues no es capaz de dejar de llorar.
- ¡A la cama!
Cuando está en la cama, desnuda, él se desnuda también, sin dejar de mirarla ni un instante, pero sólo le mira a los ojos. Su cuerpo es joven, pero como el cuerpo de muchos sintecho, es delgado, amarillento, deteriorado, enfermizo. Tiene la mirada perdida, húmeda, y el pene flácido.
Se mete entre las sábanas sin navaja y se abraza a Mrs. La’Teef, pegando su cuerpo al de la dama que no para de llorar y metiendo su cabeza entre sus pechos.
Ahora es él el que llora con sollozos quedos, y ella sigue llorando. Pero, si miras con cuidado, ves que sus lágrimas son ahora extrañas en esta situación: parecieran lágrimas de alegría.
Porque, por primera vez, desde que aquel conductor beodo embistiera el coche en el que ella, su hijo, la esposa de éste y su recién nacido nieto, esperaban a que cambiara el semáforo, matando al bebé y a su madre y asesinando al hombre cuerdo que vivía en el cerebro de su hijo, por primera vez desde aquel día, desde que la locura le arrebatara a su hijo, éste había vuelto a su casa y se abrazaba a ella, desnudos ambos, exactamente igual que el día que nació, y las cosas parecían volver a ser como antes:
- Mamá...
- No, llores, hijo.

jueves, mayo 28, 2009

tiembla, arguiñano





Sé que Arguiñano no duerme tranquilo ya. Que en el Bulli están temblando por la inquietud que les produce esta revolucionaria publicación. Que Arzak y Santamaría están pensando en dejarlo, por el shock, y que Obélix prepara un viaje relámpago a Hispania para conocer al genio que ha publicado esta maravilla. Se ha convocado una reunión urgente y extraordinaria del jurado del premio nacional de literatura y de las estrellas de Michelín para valorar la concesión extraordinaria del premio literario máximo, y el tenedor de oro, al autor de esta proeza recetaria y hay discusiones con la comisión de varios premios Nobel (literatura, ciencia, paz) para ver quién es el primero en distinguir al ya de por sí distinguido autor: yo.

Ya está disponible Tiembla, cariño: hoy cocino yo, la obra litero-culinaria o culino-literaria, que marca un hito en la historia de la literatura con sabor casero.

En esta obra magna encontrarás sabrosos relatos y recetas triplemente entretenidas: de leer, de cocinar y de comer, todo en un mismo y delicioso libro, cuidadosamente encuadernado (eso espero, al menos) y primorosamente editado. La chapuza que son la portada y la maquetación corresponden a ese genial artista gráfico que responde al nombre de Wolffo y la expectativa de enriquecimiento súbito, también. Compradlo a lo burro y me haréis rico.


... y ahora, la historia de verdad


Hace 49 meses, más o menos, a la vuelta de un viaje a Asturias de fin de semana, encontré en mi coche una botella, a medias, de Aquarius de naranja que se había dejado mi cuñado; como la vida me ha enseñado a no tirar nada, utilicé esa bebida en una receta que, como tantas otras de mi invención, tuvo un sonoro éxito en mi familia (debo decir que no son demasiado exigentes, eso también es verdad). Como tenía cierta gracia, eso de hacer unas albóndigas con Aquarius, y en ese momento mi viejo blog de ya.com estaba en plena ebullición (actualizaba todos los días y llegó a tener una media de 600 visitas diarias), publiqué mi primer post-receta: las Albóndigas al brand'Aquarius con papas cocifritas, y así, sin yo saberlo, comenzó este libro.

De vez en cuando, publicaba otra receta y, aunque esté mal decirlo, éstas eran muy celebradas. Un día, después de leer una de ellas, Buch, al teléfono, me dijo: ¿y por qué no las reúnes y haces un libro? Y dejó ahí la idea, y seguimos hablando de otras cosas (Buch es de esas personas que necesita hablar de ello para quedarse tranquilo; entiéndaseme, no es que me parezca mal hablar con él si lo necesita, pero tampoco soy su terapeuta...). A pesar de venir de su parte, he de decir que me pareció una excelente idea. Y la llevé a cabo. Reuní mis recetas, las releí y reescribí, para adaptarlas al formato libro, algo más constreñido y serio que el bizarresco formato bloguero, y me dispuse a ver qué hacía con ello.

Muchos de vosotros sabéis que mi profesión es la de creativo publicitario. Bien, me puse a ello. Ideé un e-mailing promocional acerca de un libro que iba a revolucionar no sólo el mundo editorial, sino el de la cocina y el de las costumbres de las mesas españolas. La propuesta de la campaña era tan exagerada (tan overpromise, en argot), que sólo un necio podía tomársela en serio. Pero en su misma locura estaba su atractivo. En una campaña de mailing tradicional, una respuesta del 5/8% puede considerarse todo un éxito. Bien, esta campaña mía tuvo una respuesta de cerca del 50%. Es decir casi la mitad de las editoriales a las que había mandado el e-mail promocional de Tiembla... respondieron de alguna manera. Bien es verdad que de esa mitad, aproximadamente la mitad (algo más, en realidad) respondieron con cartas-tipo formales del tipo "mándenos el original impreso (no aceptamos obras por e-mail) a la atención de nuestro departamento editorial y ya le diremos algo". Pero podría establecer en un 20% las cartas con respuestas esperanzadoras (aunque algunas fueran negativas). Es decir, eran gente a las que había conseguido interesar de algún modo y, aunque fuera para decir, por ejemplo, que el libro estaba fuera totalmente de su estrategia editorial, pero me contestaban de forma personal y, casi siempre, cariñosa. Como soy un vago terrible, no mandé ningún original impreso. A todas aquellas que me decían que les mandara el original impreso, sencillamente, las ignoré y limité mi envío a aquéllas que aceptaban la versión electrónica (en pdf, vamos) de Tiembla...

La respuesta fue, para cualquiera que conozca el mundo editorial, asombrosa: en la primera semana, dos editoriales me daban la bienvenida a su catálogo (enviándome a los pocos días un contrato para firmarlo) y otras dos me proponían algunos posibles cambios para aceptar los manuscritos.

La rapidez de la respuesta y lo abrumador de las mismas (casi se peleaban por Tiembla...) me hizo adoptar una postura de alerta (que a la postre fue mi gran error) y repensar mi estrategia con el libro. Mi proceso mental, más o menos, fue: si ha provocado, sin padrinos, sin enchufes, sin promociones, una respuesta tan positiva, es que puedo editarlo como dios manda. Contrataré un experto para que me ayude a editarlo bien. Busqué en internet direcciones de agentes literarios y les mandé un email graciosillo contándoles lo que me había pasado, exagerando como yo sé hacerlo: en la historia que les contaba, los editores me acosaban a la puerta de mi casa, blandiendo contratos amenazadoramente, y se peleaban con violencia por conseguir mi manuscrito. El resultado fue que tres agencias de representación literaria me escribieron pidiéndome el manuscrito para valorar la posibilidad de llevarlo y venderlo a una editorial. Aquí, lo admito, me dejé llevar por la vanidad. Al día siguiente de recibir el manuscrito, una agente literaria especialmente convincente me llamó por teléfono y me tuvo una hora y media al teléfono halagando la gracia que tenía el libro, el ingenio que desprendía y toso eso. Puede que vosotros seáis impermeables al elogio, pero yo no. Soy sensible al halago y más si quien te lo dedica es una prometedora voz femenina. Quedé con ella y firmé el contrato que me puso delante (no era leonino ni nada de eso, era un buen contrato de colaboración) y por el que me comprometía a darle a ella poderes para, en exclusiva, menear el original por las editoriales hasta que me lo vendiera bien.

Hicimos juntos un concienzudo trabajo de revisión, corrección y reescritura de la obra y en esta segunda escritura recibí la ayuda de una persona clave. La gran Tautina, de quien he escrito muchas veces en esta bitácora, que leyó con minucioso amor cada una de las recetas y me aconsejó con sabiduría y cariño de forma admirable. Tiene, inevitablemente, algo de ella este libro, también. Gracias, Tautina.

Todo iba genial. Yo estaba emocionado. Iban a publicarme un libro. Mi primer libro.

Un año después, no estaba nada emocionado: estaba completamente desilusionado. Seguía en el mismo sitio y mi agente parecía totalmente desmoralizada con el libro, a tal punto que me llamó y me dijo que quedáramos para rescindir nuestro contrato: que ella no era capaz de vender mi libro de recetas, que no era su campo. Personalmente me caía bien mi agente, pero no podía por menos que lamentar su falta de suerte para colocar mi libro, tanto como mi lamentable estupidez: en un año había pasado de tener 2 ofertas firmes de publicación (y otras dos más que probables) a no tener nada más que una oceánica decepción. Además, y aunque nuestro presidente lo negaba terca y mentirosamente, la crisis era una cosa ya patente en todos sitios menos en su cabeza, y en las editoriales en las que, hacía un año me hacían reverencias, no querían saber nada de mí ni de mi librito. De hecho, ninguna de las personas que me ofrecieron publicar en sus empresas estaban ya trabajando allí.

Una por una fueron declinando el honor de publicar la maravilla que hoy os anuncio (es una pequeña maravilla, creedme) y me sumieron en una pequeña depresión literaria de la que hoy, todavía, trato de salir, cabeceando como puedo.

A través de una amiga bloguera, Teresa, la de la ventana, que había editado su magnífico libro de relatos Lazos allí, supe de bubok.com, y empecé a darle vueltas a la posibilidad de autoeditar el libro. Quién sabe...

Ahora, hace un par de semanas, volvió a llamarme mi agente y me dijo que siempre le había quedado clavado, como una espinita, el hecho de no haber vendido mi libro, y que creía que había una posibilidad en una editorial que había mostrado cierto interés por el libro. Mientras se decide si eso cristaliza o no, existe la posibilidad de hacerse con una copia de esta edición (autoedición) que, quién sabe, a lo mejor un día tiene valor y todo.

Bueno, ahí está. Si queréis, poder haceros con un ejemplar de Tiembla... por el abusivo precio de 14.99 pavos o, por un céntimo más, podéis bajarlo a vuestro disco duro en su versión electrónica.


Buen provecho.

lunes, mayo 25, 2009

ahora

Fotografía de xiscrom

Siendo como soy, un simple mortal, y tú, diosa mía, una musa, me pregunto: ¿sabes algo de mí? No digo que si sabes la fecha de mi cumple (no vale mirar la agenda del móvil) o si crees que sabes cuál es mi canción favorita (eso no lo acertabas ni de coña, pero bueno), digo que si sabes algo de mí.
Me gustaría saber si crees que ahora no te llamo ni te ofrezco mi ayuda, es porque estoy enfadado (lo estoy), o si piensas que mientras lo hacía buscaba algo más allá del placer de sentirme útil (lo buscaba), o si, definitivamente, porque ya no soy tan solícito contigo me has apuntado en tu agenda de perfectamente prescindibles. Esto último no tiene nada que ver con si sabes algo de mí, es curiosidad mía: ¿lo has hecho?
Ahora que tú ya no me necesitas para nada, que pareces florecer bajo el sol que no me calienta a mí y que cada vez que te veo me confundes más, ahora que me enervas y me excitas en la misma medida…
Ahora que tu sonrisa es otra vez deslumbrante y que tus pechos intimidan y proveen promesas aterradoras, como granadas de mano desfloradas, ahora que ya nadie nos mira y que podrías sentarte a mi lado y dejar que te acariciara a escondidas…
Ahora que ni tú ni yo vamos a olvidar, ahora que los amantes, ardientes, bailan desnudos al calor de la hoguera de nuestra historia de amor, como silenciosos fuegos fatuos, ahora que no vas a decirles lo mal que les sienta el desnudo…
Ahora que no me tienes dentro de ti, porque no quieres, ahora que sueñas con tenerme, porque no sabes lo que quieres, ahora que no quieres verme amando ni amarme, ni verte amada por mi amante corazón de amapola…
Ahora que no sé de qué chistes te ríes, que no sé a quién amas, que no sé siquiera si me lees, y si me lees, quizá crees que no te escribo pues no escribo ya tu nombre musical y alrevesero…
Ahora que sé que eres puro fuego porque un día me quemé los dedos en el centro de tu hoguera mientras tú arqueabas la espalda; ahora que sabes que basta tu mano en mi gatillo para que el volcán vuelva a entrar en erupción; ahora que, en realidad, todo eso parece sepultado bajo el manto del olvido de la vergüenza…
Ahora, mi dulce tesoro, te pregunto, con el corazón sangrante en mis manos, mirándote fijamente a los ojos…
- Eso son mis tetas.
- No me distraigas con bagatelas, ahora, digo: ¿vendrás a ver a Los Ciclones?

Ven a ver a Los Ciclones (en vivo)


domingo, mayo 17, 2009

buch, el quinto ciclón


y como algunas cosas, sencillamente, han de ser así, así son. Estaba escrito hasta en las paredes del metro que Buch y yo terminaríamos tocando juntos un día, y ese día ya está está aquí. Después de un montón de aventuras musicales en compañía, al fin, parece que cuaja una con un enorme recorrido por delante.
Buch se une a Los Ciclones como teclista. Y con esta incorporación, Los Ciclones damos un pasito más hacia ese lugar que queremos alcanzar, que no es otro que dar buenos conciertos con nuestra música, sonando como nadie (en todos los sentidos que puedas encontrarle a la frase) y siendo fieles a la música que nos gusta: el buen rock and roll.

Estamos preparando ya los bolos de verano, de los que os mantendré puntualmente informados. Así que si queréis ver cómo se defiende Buch tras las teclas, y además a sistir a un buen concierto de rock, aquí os dejamos las fechas que tenemos ya cerradas de momento.

Como se aprecia en la imagen, Buch no me quiere ajuntar,
y quiere irse con su nuevo amiguito, eMail, porque toca muy bien la guitarra...

Estamos negociando nuevos conciertos, pero no queremos tocar demasiado, tampoco, aún, pero si hay nuevos conciertos, serán publicados aquí, para que podáis ir a disfrutar de un par de horas de buena música.
Conciertos de LOS CICLONES

Viernes, 29 de mayo de 2009, a medianoche:
BAR PLAZA MAYOR

c/Cristo, 30. Villanueva de la Cañada. Madrid. Media etiqueta. Ánimo rockero. Mujeres con escote.

Sábado, 27 de junio de 2009, a las 22/23:00h.:
LA ÓPERA FLOTANTE

c/Eugenio Salazar, 32. Madrid.
Media etiqueta. Ánimo consumista (cobramos por copa/refresco que pidáis). Mujeres dispuestas a todo.



Sábado, 8 de agosto de 2009, a las 22:30 aprox.:
LOS HINOJOSOS
Cuartel viejo de la Guardia Civil. Ropa casual, fiesta campera. Nos dejamos invitar a cena y sexo.

Sábado, 5 de sept. de 2009, a las 22:30 aprox.: LOS HINOJOSOS
Cuartel viejo de la Guardia Civil. Ropa casual, fiesta Rural.
Las mujeres, pueden venir desnudas o, en su caso, desnudarse allí mismo
.

Bueno, que iremos añadiendo festorros según nuestro equipo de asesores financieros (unos fieras negociando) vaya cerrando contratos millonarios con ayuntamientos y empresarios.
Seguro que os podéis acercar a alguno y si estáis en otra ciudad, animad a los empresarios locales a contratar buena música, caramba.